HOLA ¿COMO ESTAIS?

Hola, soy Jorge del Nozal, un amante de la poesía como vosotros y me he decidido a crear este espacio para compartir mi afición y poder llegar con mi voz y mi palabra a todo el mundo.

Os invito a que disfrutéis y compartáis conmigo este sentimiento convertido en palabra y voz.

En el blog encontraréis una recopilación de mis mejores poesías además de poder escucharlas a viva voz recitadas por mí. También me animaré a recitar a los grandes poetas que me inspiraron así como cualquier material que considere interesante.


Por último, pongo mi voz al servicio de todo aquel que quiera ver transformados sus poemas en poesía recitada.

Espero que disfrutéis y os relajéis con los contenidos y os hagan olvidar, aunque solo sea por un breve momento, los problemas de la vida cotidiana.

Gracias por visitarme y por vuestra participación.


Jorge

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martes, 17 de abril de 2012

Puertos de esperanza: Daniel Eduardo Gomez

Fotografía Jorge del Nozal


Recita Jorge del Nozal



Puertos de esperanza
                                                                                       
Te esperaba…
caminando en el tiempo, cada paso a cada son,
con un nudo en la garganta y las sienes escarchadas, en un puño el corazón,
Fueron años, fueron meses y sus días atrapados en ausencia del amor,
esperando... esperando...
bajo cielos emplomados de tristezas y dolor.

Aún, recuerdo el caminar…por las tardes, frente al mar.
El crujir de los maderos en vacíos muelles viejos,
el volar de las gaviotas, cortesanas de barcazas, bogabantes a lo lejos.
El silbar entrecortado, largo, triste y desolado, de una canción marinera.
Y el rumor de azules olas que, golpeando los pilotes, preguntaban por mí espera.

Escribí a no sé dónde, pregunté a no sé quién, pero... nada.
Observando el horizonte... formó nubes mi mirada,
Se empañaron mis ojos, trajo lágrimas el llanto al parir de algún un gemido,
cuando el ceño acongojado le dio marco de respuesta a mi rostro entristecido.

Una tarde, cierto día: Tú… llegaste
Nunca supe desde dónde, ni en cual barco, ni en qué vía,
sólo sé que tú llegaste,
con tus sueños en las manos, el amor a flor de labios y en tu rostro la alegría,

Y ¡Me amaste!

Aún, recuerdo el caminar...
¿Qué del llanto de mis ojos?... Simplemente... sal del mar.

                                                                                         Nidael Doré

domingo, 15 de abril de 2012

Poema 29: Como ser feliz ( Jorge del Nozal)

Oleo de Jorge del Nozal





COMO SER FELIZ

Ser feliz, es buscar dentro de ti.

Encontrar a la persona

que dirige tu vivir.

Que se oculta

por no influirte,

pero busca hacerse sentir

retumbando en tus oídos,

alterando tu corazón,

revolviendo tus entrañas,

confundiendo la razón.

Ocupa un metro infinito

sin fin y sin dimensión.

Retuerce fuerte la vida

que te han escrito al nacer,

que lees todos los días,

que practicas sin querer,

porque crees que al hacerlo,

estas haciéndolo bien.

Aunque sabes que ella existe,

no la encuentras,

no la ves.

Esta disfrazada de nada,

es simple, no tiene ser.

Ocupa toda tu alma,

tu cuerpo y hasta tu fe.

Envuelve tú día a día

y aun así la ignoras,

lo sé.

Con lo fácil que sería

dejarse llevar y ver,

que lo que vives no es tu vida,

es lo que te piden ser.




lunes, 9 de abril de 2012

Muda por dentro : Estrella de Campoamor

Pintura al pastel Jorge del Nozal


Recita Jorge del Nozal




MUDA POR DENTRO

Mis palabras mudas al viento
que no las recoja nadie
pues lo que llevo aquí dentro...
es sólo un sentimiento,
un esbozo,un borrador...
un pliegue en el tiempo,
una cortina de humo...
como una distracción,
para no decir,para no sentir...
el vacío tan grande
que me has dejado en el corazón!.

Digo pues,entonces,sin hablar,ni escribir,
sin comentar,que las palabras se fueron,
que tu voz...que tu voz ya no escucho,
que todo quedó dicho en el silencio,
y me siento muda por dentro.

jueves, 5 de abril de 2012

Santa Barbara y el Minero: (Jorge del Nozal)








Recita: Jorge del Nozal
https://drive.google.com/file/d/0B8PDBU8kGCDuZVRsdHByUG1ieWs/view?usp=drive_link&resourcekey=0-Dz9m_DwxuBeS7cjfN-HvOA



SANTA BÁRBARA Y EL MINERO

Queremos alargar un día que está muriendo.
Queremos decir sin palabras,
¡es mi fiesta!,¡ estoy contento!.
Queremos sentir en el cuerpo
ese júbilo sin desconcierto.
Es la fiesta del minero,
Santa Bárbara nos cuida,
nos da cobijo y acierto.
El minero se está quedando
sin trabajo, sin carbón, sin pueblo.
Y el  lo está sintiendo
Aunque no quiere llegar a verlo.
Araña y pica el carbón;
con prisa, con ansias, con miedo,
temiendo que se termine el trabajo, 
mas no el carbón,
la alegría o el nervio.
Intuye el fin sin saberlo.
Santa Bárbara está triste,
ha visto llorar a un minero;
tiene miedo, mucho miedo.
No es la oscuridad lo que asusta
el alma de ese guerrero,
es la claridad,
es la grandeza del cielo abierto.
El sol puede al carbón,
el petróleo puede al viento,
y el viento puede a los hombres
que están trabajando dentro.
La tierra se está pudriendo,
el carbón sigue en su vientre
pero no quieren recogerlo.
Cuesta mucho respirar
acompasado y al tiempo.
Empujar las vagonetas
 para sacarlo de dentro.
Le han puesto la epidural
Y lo extraen a cielo abierto.
Unámonos al sol,
escuchemos al viento,
Mientras tanto que el carbón duerma,
muy profundo,
allá...
adentro.

                                         Jorge del Nozal

sábado, 31 de marzo de 2012

El perro cojo (Manuel Benitez Carrasco)



Recita: Jorge del Nozal
 





EL PERRO COJO

– Poema de Manuel Benítez Carrasco -

Con una pata colgando,
despojo de una pedrada,
pasó el perro por mi lado,
un perro de pobre casta.
Uno de esos callejeros,
pobres de sangre y estampa.
Nacen en cualquier rincón,
de perras tristes y flacas,
destinados a comer
basuras de plaza en plaza.

Cuando pequeños, qué finos
y ágiles son en la infancia,
baloncitos de peluche,
tibios borlones de lana,
los miman, los acurrucan,
los sacan al sol, les cantan.
Cuando mayores, al tiempo
que ven que se fue la gracia,
los dejan a su ventura,
mendigos de casa en casa,
sus hambres por los rincones
y su sed sobre las charcas.

Qué tristes ojos que tienen,
que recóndita mirada
como si en ella pusieran
su dolor a media asta.
Y se mueren de tristeza
a la sombra de una tapia,
si es que un lazo no les da
una muerte anticipada.

Yo le llamo: psss, psss, psss.
Todo orejas asustadas,
todo hociquito curioso,
todo sed, hambre y nostalgia,
el perro escucha mi voz,
olfatea mis palabras
como esperando o temiendo
pan, caricias... o pedradas,
no en vano lleva marcado
un mal recuerdo en su pata.
Lo vuelvo a llamar: psss, psss.
Dócil a medias avanza
moviendo el rabo con miedo
y las orejitas gachas.

Chasco los dedos; le digo:
"ven aquí, no te hago nada,
vamos, vamos, ven aquí".
Y adiós la desconfianza.
Que ya se tiende a mis pies,
a tiernos aullidos habla,
ladra para hablar más fuerte,
salta, gira; gira, salta;
llora, ríe; ríe, llora;
lengua, orejas, ojos, patas
y el rabo es un incansable
abanico de palabras.

Es su alegría tan grande
que más que hablarme, me canta.
"¿Qué piedra te dejó cojo?
Sí, sí, sí, malhaya".
El perro me entiende; sabe
que maldigo la pedrada,
aquella pedrada dura
que le destrozó la pata
y él, con el rabo, me dice
que me agradece la lástima.
"Pero tú no te preocupes,
ya no ha de faltarte nada.
Yo también soy callejero,
aunque de distintas plazas
y a patita coja y triste
voy de jornada en jornada.
Las piedras que me tiraron
me dejaron coja el alma.

Entre basuras de tierra
tengo mi pan y mi almohada.
Vamos, pues, perrito mío,
vamos, anda que te anda,
con nuestra cojera a cuestas,
con nuestra tristeza en andas,
yo por mis calles oscuras,
tú por tus calles calladas,
tú la pedrada en el cuerpo,
yo la pedrada en el alma
y cuando mueras, amigo,
yo te enterraré en mi casa
bajo un letrero: «aquí yace
un amigo de mi infancia».

Y en el cielo de los perros,
pan tierno y carne mechada,
te regalará San Roque
una muleta de plata.
Compañeros, si los hay,
amigos donde los haya,
mi perro y yo por la vida:
pan pobre, rica compaña.

...
Era joven y era viejo;
por más que yo lo cuidaba,
el tiempo malo pasado
lo dejó medio sin alma.
Y fueron muchas las hambres,
mucho peso en sus tres patas
y una mañana, en el huerto,
debajo de mi ventana,
lo encontré tendido, frío,
como una piedra mojada,
un duro musgo de pelo,
con el rocío brillaba.

Ya estaba mi pobre perro
muerto de las cuatro patas.
Hacia el cielo de los perros
se fue, anda que te anda,
las orejas de relente
y el hociquillo de escarcha.
Portero y dueño del cielo
San Roque en la puerta estaba:
ortopédico de mimos,
cirujano de palabras,
bien surtido de intercambios
con que curar viejas taras.
"Para ti... un rabo de oro;
para ti... un ojo de ámbar;
tú... tus orejas de nieve;
tú... tus colmillos de escarcha.
Y tú, —mi perro reía—,
tú... tu muleta de plata".

Ahora ya sé por qué está
la noche agujereada:
¿Estrellas... luceros...? No,
es mi perro cuando anda...
con la muleta va haciendo
agujeritos de plata.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Poema 40: El momento (Jorge del Nozal)

Oleo Jorge del Nozal


Recita Jorge del Nozal

EL MOMENTO

Dos almas que se cruzan por un lado del camino.

Un sentimiento que envuelve

los corazones furtivos.

Una tentación que llora,

por no atender a su sino.

Una canción melancólica

 que el viento compone in situ.

Un respirar sin alvéolos,

solo por acompasar un ritmo.

Una palabra en el aire

que entretiene a su destino.

Un no volver a vivirlo,

por vivir en el olvido.

Una comprensión extraña

que sucumbe ante su beso

con una música suave,

que invade el feliz momento.

domingo, 25 de marzo de 2012

Al rayar el dia... (Jon)



Foto Jorge del Nozal


Recita Jorge del Nozal


Al rayar el día...

Por allí y detrás,
por la parte escondida,
la que oculta con su cabeza
aquel monte,
el que está tras la colina,
por allí hay un lugar
en el que sólo se esconde,
nada más,
y hasta que despierta,
lo que parece imposible;
por allí, pero al final,
al otro lado de donde,
por lo demás,
todo se muestra impasible.

Por allí se abrió la brecha
del opaco velo que protegía,
hasta su último recoveco
y por si las luces extrañas,
todo este trozo de cielo,
ahora nubes grises
y azules hielo melancolía,
donde tenía su asiento
una noche estrellada.

En lo mejor de mi sueño,
el más cierto de mi vida
y justo en el momento
en que me revelaba,
con callados versos
de un precioso firmamento,
ella, mi noche querida
y enamorada,
las imágenes bellas y claras
de sus sentimientos.

Algún alma, solo una
y con solo un dedo,
uno solamente,
pero de incisiva uña,
abrió un ojal en su velo negro;
y el sol que no solía,
mas, por algún casual,
por allí andaba,
probablemente, por desvelo,
también quiso estar
en lo que no debía,
y con el calor de su frente
o el de su pelo o el de su mejilla
o el de su mirada ardiente
por la mirilla...
se labró la muerte,
se veló la noche
que me abrazaba
y se desvaneció el sueño
de un algo diferente.

Con tan solo un dedo
se abrió una herida
y creció tanto, tanto...
que se hizo fuerte
en la inmensidad del cielo;
algún alma torpe sería,
 torpe y sin freno o,
quizá, desaprensiva,
y sabrá Dios, si por descuido
y sin quererlo
o deseándolo y con esmero.

O igual fue al rayar el día,
en su gélido brote
y con las aristas dentadas
de sus horas frías,
el que hirió a mi noche,
sí, quizá fuera este,
con su preciosa luz,
aunque de otra poesía,
el que veló mi sueño
y la hirió de muerte,
rasgando la opaca tela
que lo cubría.

O fue a esas horas si no,
tan tiernas como duras
en las que alumbra el día,
en que también nacen
de entre sus dulces crías,
tímidas luces que suave picotean,
cucas y rudas hordas
ya provistas de sus teas,
cuando se velaron
y quedaron llanas y sordas
y frías, además de a oscuras,
las claras y bellas notas
de la armonía.

En este trozo de cielo,
ahora nubes grises
y azules hielo,
melancolía,
estaba a mi lado
y a pecho abierto,
con sus petequias y lunares,
mi noche querida,
toda al descubierto.

¡Oh, su piel! ¡De pecado!
 Y me la quitaron de los ojos.
Había miel en su sonrisa y
¡me la robaron de los labios! 

En lo mejor de mi sueño,
el más cierto de mi vida y
justo en el momento
en que me revelaba,
con callados versos
de un precioso firmamento,
ella, mi noche querida
y enamorada,
las imágenes bellas y claras
de sus sentimientos. 

(Jon)