HOLA ¿COMO ESTAIS?

Hola, soy Jorge del Nozal, un amante de la poesía como vosotros y me he decidido a crear este espacio para compartir mi afición y poder llegar con mi voz y mi palabra a todo el mundo.

Os invito a que disfrutéis y compartáis conmigo este sentimiento convertido en palabra y voz.

En el blog encontraréis una recopilación de mis mejores poesías además de poder escucharlas a viva voz recitadas por mí. También me animaré a recitar a los grandes poetas que me inspiraron así como cualquier material que considere interesante.


Por último, pongo mi voz al servicio de todo aquel que quiera ver transformados sus poemas en poesía recitada.

Espero que disfrutéis y os relajéis con los contenidos y os hagan olvidar, aunque solo sea por un breve momento, los problemas de la vida cotidiana.

Gracias por visitarme y por vuestra participación.


Jorge

Seguidores

sábado, 31 de marzo de 2012

El perro cojo (Manuel Benitez Carrasco)



Recita: Jorge del Nozal
 





EL PERRO COJO

– Poema de Manuel Benítez Carrasco -

Con una pata colgando,
despojo de una pedrada,
pasó el perro por mi lado,
un perro de pobre casta.
Uno de esos callejeros,
pobres de sangre y estampa.
Nacen en cualquier rincón,
de perras tristes y flacas,
destinados a comer
basuras de plaza en plaza.

Cuando pequeños, qué finos
y ágiles son en la infancia,
baloncitos de peluche,
tibios borlones de lana,
los miman, los acurrucan,
los sacan al sol, les cantan.
Cuando mayores, al tiempo
que ven que se fue la gracia,
los dejan a su ventura,
mendigos de casa en casa,
sus hambres por los rincones
y su sed sobre las charcas.

Qué tristes ojos que tienen,
que recóndita mirada
como si en ella pusieran
su dolor a media asta.
Y se mueren de tristeza
a la sombra de una tapia,
si es que un lazo no les da
una muerte anticipada.

Yo le llamo: psss, psss, psss.
Todo orejas asustadas,
todo hociquito curioso,
todo sed, hambre y nostalgia,
el perro escucha mi voz,
olfatea mis palabras
como esperando o temiendo
pan, caricias... o pedradas,
no en vano lleva marcado
un mal recuerdo en su pata.
Lo vuelvo a llamar: psss, psss.
Dócil a medias avanza
moviendo el rabo con miedo
y las orejitas gachas.

Chasco los dedos; le digo:
"ven aquí, no te hago nada,
vamos, vamos, ven aquí".
Y adiós la desconfianza.
Que ya se tiende a mis pies,
a tiernos aullidos habla,
ladra para hablar más fuerte,
salta, gira; gira, salta;
llora, ríe; ríe, llora;
lengua, orejas, ojos, patas
y el rabo es un incansable
abanico de palabras.

Es su alegría tan grande
que más que hablarme, me canta.
"¿Qué piedra te dejó cojo?
Sí, sí, sí, malhaya".
El perro me entiende; sabe
que maldigo la pedrada,
aquella pedrada dura
que le destrozó la pata
y él, con el rabo, me dice
que me agradece la lástima.
"Pero tú no te preocupes,
ya no ha de faltarte nada.
Yo también soy callejero,
aunque de distintas plazas
y a patita coja y triste
voy de jornada en jornada.
Las piedras que me tiraron
me dejaron coja el alma.

Entre basuras de tierra
tengo mi pan y mi almohada.
Vamos, pues, perrito mío,
vamos, anda que te anda,
con nuestra cojera a cuestas,
con nuestra tristeza en andas,
yo por mis calles oscuras,
tú por tus calles calladas,
tú la pedrada en el cuerpo,
yo la pedrada en el alma
y cuando mueras, amigo,
yo te enterraré en mi casa
bajo un letrero: «aquí yace
un amigo de mi infancia».

Y en el cielo de los perros,
pan tierno y carne mechada,
te regalará San Roque
una muleta de plata.
Compañeros, si los hay,
amigos donde los haya,
mi perro y yo por la vida:
pan pobre, rica compaña.

...
Era joven y era viejo;
por más que yo lo cuidaba,
el tiempo malo pasado
lo dejó medio sin alma.
Y fueron muchas las hambres,
mucho peso en sus tres patas
y una mañana, en el huerto,
debajo de mi ventana,
lo encontré tendido, frío,
como una piedra mojada,
un duro musgo de pelo,
con el rocío brillaba.

Ya estaba mi pobre perro
muerto de las cuatro patas.
Hacia el cielo de los perros
se fue, anda que te anda,
las orejas de relente
y el hociquillo de escarcha.
Portero y dueño del cielo
San Roque en la puerta estaba:
ortopédico de mimos,
cirujano de palabras,
bien surtido de intercambios
con que curar viejas taras.
"Para ti... un rabo de oro;
para ti... un ojo de ámbar;
tú... tus orejas de nieve;
tú... tus colmillos de escarcha.
Y tú, —mi perro reía—,
tú... tu muleta de plata".

Ahora ya sé por qué está
la noche agujereada:
¿Estrellas... luceros...? No,
es mi perro cuando anda...
con la muleta va haciendo
agujeritos de plata.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Poema 40: El momento (Jorge del Nozal)

Oleo Jorge del Nozal


Recita Jorge del Nozal

EL MOMENTO

Dos almas que se cruzan por un lado del camino.

Un sentimiento que envuelve

los corazones furtivos.

Una tentación que llora,

por no atender a su sino.

Una canción melancólica

 que el viento compone in situ.

Un respirar sin alvéolos,

solo por acompasar un ritmo.

Una palabra en el aire

que entretiene a su destino.

Un no volver a vivirlo,

por vivir en el olvido.

Una comprensión extraña

que sucumbe ante su beso

con una música suave,

que invade el feliz momento.

domingo, 25 de marzo de 2012

Al rayar el dia... (Jon)



Foto Jorge del Nozal


Recita Jorge del Nozal


Al rayar el día...

Por allí y detrás,
por la parte escondida,
la que oculta con su cabeza
aquel monte,
el que está tras la colina,
por allí hay un lugar
en el que sólo se esconde,
nada más,
y hasta que despierta,
lo que parece imposible;
por allí, pero al final,
al otro lado de donde,
por lo demás,
todo se muestra impasible.

Por allí se abrió la brecha
del opaco velo que protegía,
hasta su último recoveco
y por si las luces extrañas,
todo este trozo de cielo,
ahora nubes grises
y azules hielo melancolía,
donde tenía su asiento
una noche estrellada.

En lo mejor de mi sueño,
el más cierto de mi vida
y justo en el momento
en que me revelaba,
con callados versos
de un precioso firmamento,
ella, mi noche querida
y enamorada,
las imágenes bellas y claras
de sus sentimientos.

Algún alma, solo una
y con solo un dedo,
uno solamente,
pero de incisiva uña,
abrió un ojal en su velo negro;
y el sol que no solía,
mas, por algún casual,
por allí andaba,
probablemente, por desvelo,
también quiso estar
en lo que no debía,
y con el calor de su frente
o el de su pelo o el de su mejilla
o el de su mirada ardiente
por la mirilla...
se labró la muerte,
se veló la noche
que me abrazaba
y se desvaneció el sueño
de un algo diferente.

Con tan solo un dedo
se abrió una herida
y creció tanto, tanto...
que se hizo fuerte
en la inmensidad del cielo;
algún alma torpe sería,
 torpe y sin freno o,
quizá, desaprensiva,
y sabrá Dios, si por descuido
y sin quererlo
o deseándolo y con esmero.

O igual fue al rayar el día,
en su gélido brote
y con las aristas dentadas
de sus horas frías,
el que hirió a mi noche,
sí, quizá fuera este,
con su preciosa luz,
aunque de otra poesía,
el que veló mi sueño
y la hirió de muerte,
rasgando la opaca tela
que lo cubría.

O fue a esas horas si no,
tan tiernas como duras
en las que alumbra el día,
en que también nacen
de entre sus dulces crías,
tímidas luces que suave picotean,
cucas y rudas hordas
ya provistas de sus teas,
cuando se velaron
y quedaron llanas y sordas
y frías, además de a oscuras,
las claras y bellas notas
de la armonía.

En este trozo de cielo,
ahora nubes grises
y azules hielo,
melancolía,
estaba a mi lado
y a pecho abierto,
con sus petequias y lunares,
mi noche querida,
toda al descubierto.

¡Oh, su piel! ¡De pecado!
 Y me la quitaron de los ojos.
Había miel en su sonrisa y
¡me la robaron de los labios! 

En lo mejor de mi sueño,
el más cierto de mi vida y
justo en el momento
en que me revelaba,
con callados versos
de un precioso firmamento,
ella, mi noche querida
y enamorada,
las imágenes bellas y claras
de sus sentimientos. 

(Jon)




miércoles, 21 de marzo de 2012

Reencuentro con la poesía: (Jorge del Nozal)


UN HOMENAJE A LA POESÍA Y A TODOS LOS POETAS



Oleo de Jorge del Nozal


Recita Jorge del Nozal



REENCUENTRO CON LA POESIA


Hoy he sentido algo nuevo,
hoy he vuelto a ver la luz.
Me he sentido despierto
Y mi viejo rosal ha vuelto a florecer,
¡ me he encontrado contigo!
te he podido escribir.
Solo con pensar en verte,
con llenarme de tu amor,
enredándome entre tus formas,
disolviéndome en tus fonemas,
deseando confundirme
poniéndote a ti la voz.
¡Oh poesía querida!
Cuanto he sufrido sin ti.
Que amargura por no hablarte,
que remordimiento no escribirte,
que vacío al no poder compartirte,
que oscuro quedó el corazón.
Menos mal que estaba el alma
aguantándote en su fe.
Pero que difícil llegar hasta él,
aunque siempre que me perdía
encontraba yo a ese ser.
Entonces me repetía:
tengo que pensar,
tengo que leer,
tengo que escribir,
tengo que llorar,
tengo que reír,
tengo que vivir…
Vivir para recordarte,
vivir para no olvidarte,
vivir para compartir,
aquellos momentos mágicos,
aquel sentimiento tuyo,
aquel estremecimiento
que sentía al repetir
aquellas palabras nuestras,
Aquellas verdades tuyas
aquellas mentiras mías.
Pero un día amaneció
poesía de mi vida,
poesía de mi amor.
No volveré a abandonarte.
Tengo que vivir con vos.

lunes, 19 de marzo de 2012

Poema 39: Te he encontrado papá (Jorge del Nozal)


Este poema se lo dedico a mi padre, que abandono su cuerpo físico hace ya algunos años
aunque su alma limpia y maravillosa, sigue inspirándome y protegiéndome



Oleo de Jorge del Nozal

Recita Jorge del Nozal

- TE HE ENCONTRADO PAPA-

Tengo una parte del alma dormida
Y por más que lo intento
No logro despertarla.
Sólo lo hace cuando yo duermo
Recuerdo tu amor,
Tu cariño,
Tu desvelo
Que de tanto quererme
Dejaste de hacerlo
Para sólo cuidarme.
Que de tanto cuidarme,
¡ solo! Me dejaste.
Que de tanto admirarme,
Dejaste tu de quererte.
Tanto sufriste por mi,
Que convertiste tu vida en sufrimiento.
Y tanta alegría te di
Que no podías creértelo.
¡ cuanto aprendí de ti
sin tener ni un desengaño!
Cuanto ignoraste tu sabiduría
Sin saber que eras un sabio.
Cuanta bondad desprendías ...
Me hacías sentir extraño.
Eras el rey de los padres
Y te sentías villano.
Cuanta alegría por verte,
Y tú, sufriendo, apocado.
Eras grande con la gente
Y pequeño con tu rebaño.
Eras pastor de almas,
Y tú sin saberlo ¡ claro!
Eras humilde con los humildes
Y fanfarrón con quien tenias que serlo.
No aguantabas la injusticia,
Te alteraba el cuerpo ... recuerdo ...
La aventura no existía,
El riesgo no comprendías.
Sólo el amor te abrigaba.
La paz, el orden ... sin desconcierto.
¿ cómo se puede ser tan grande y no saberlo?
¿cómo se puede querer tanto sin poder reconocerlo?
¿cómo se ...?
¡ no puedo creerlo!
Empiezo a comprender,
Se está despertando.
Mi alma dormida despierta,
Y yo no duermo.
Ahora estamos conectados,
Estoy seguro.
¡ no es un sueño!
Por fin todo lo comprendo
¡ que padre más grande tengo!
Me transmite su saber
Aún sin estar viviendo.

sábado, 17 de marzo de 2012

Abrázame fuerte. (Maria, Algo mas que palabras)





Recita Jorge del Nozal





ABRÁZAME FUERTE

Abrázame fuerte,
para sentirme abrigada
con el calor de tu piel.

Abrázame más,
para fundir mi alma
junto a la tuya.

Abrázame con pasión,
porque el corazón
no entiende de razones.

Abrázame siempre así,
para estar unida
más cerca de ti.

Abrázame fuerte...
abrázame más...
abrázame con pasión...
abrázame siempre así...

sábado, 10 de marzo de 2012

Poema 38: Hoy a muerto un minero (Jorge del Nozal)

Oleo de Jorge del Nozal


Recita Jorge del Nozal

HOY HA MUERTO UN MINERO


Hoy ha muerto un minero,

el  carbón se lo ha comido,

masticando muy despacio

cada trozo de pulmón,

ensalivando el  bocado

con agua, sílice y llanto.

Pues los dientes de la mina,

no se sienten en el tajo.

Es con el paso del tiempo

cuando se ve su trabajo.

El minero sube,  baja,

Corre,  salta, ríe, llora…

Mira con odio la piedra

y la golpea con rabia.

Saltan fragmentos de vida

amalgamados al polvo.

El carbón le mira y ríe;

No tiene prisa,

quiere comer otro poco,

con bocados diminutos,

para que no se entere el hombre

que esta comiendo su vida

despacio…, como un veneno.

Cuando sale de la mina

se bebe todo el recuerdo,

porque cree que al hacerlo,

la vida empieza de nuevo.

Pero al despertar el día,

la muerte sigue esperando;

tiene hambre de la noche

y desayuna despacio.

Día tras día mastica

los pulmones del minero,

sin prisa y ensalivando

para que no se entere el resto.

Pero un día el cuerpo muere.

Se ha acabado el alimento;

El minero yace inerte

con los pulmones resecos.

El carbón le mira y ríe

Y va en busca de otro cuerpo.


miércoles, 7 de marzo de 2012

La Niebla y el Tiempo ( Mos en la orilla)



Foto Jorge del Nozal



Recita Jorge del Nozal




LA NIEBLA Y EL TIEMPO

Una, dos, tres, cuatro,…
cuántas veces, gran nube,
paseas callada entre riscos inertes.
Si pudieras hablarme,
despejar todas mis dudas
antes de disiparte.
Volverás, lo sé,  puntual cada ciclo;
siempre te veo llegar, posarte lentamente
sobre el monte olvidado, longevo, quieto.
Tú y yo en silencio.
Si pudieras hablarme,
alargar tu presencia por estos parajes;
distraer mis horas vacías,
abrazarme a tu vaho y tu bruma.
Si pudiera yo hablarte,…
borraría el gris apagado de tu rostro,
cambiaría tu vestido de sombra
por uno de cola que te elevara hasta el cielo.
Compartiría contigo la eternidad de mi reloj,
un infinito intervalo, un lapso fabricado de algodón.
Por oír nuestras voces tan solo un segundo,
dos, tres, cuatro,…

domingo, 4 de marzo de 2012

El Viático ( Jose Mª Peman) Recitado por Jorge del Nozal

Escuchar, esta preciosa poesía de Peman.
Creo que es una de mis mejores interpretaciones

 Oleo pintado por Jorge del Nozal

Recita Jorge del Nozal




EL VIATICO


Enjamás podré olvidarlo mientras viva,
que estas cosas se nos meten en el alma,
como manos que la ajogan,
como espinas que la arañan...
Entoavía, recordándolo, parece
que me viene a las entrañas
aquel frío que esa noche
jasta dentro me calaba;
ese frío de los cuerpos derrengaos
al llegá la madrugada,
ese frío que se mete por los güesos,
ese frío del que está junto a una cama
una noche y otra noche,
sin descanso ni esperanza,
y mirando que se va de entre las manos
un pedazo de su alma;
ese frío que es cansancio y que es disgusto
que nos jiela y que nos mata...
¡Ese frío de las penas
que parece que es del cuerpo... y es del alma!
Me parece que lo veo: aquella noche
tos andaban
de puntillas, como sombras misteriosas,
y venían y vorvían, y la casa
era toda un jervidero de murmurios,
y de pasos de fantasmas,
y de llantos y sollozos conteníos,
y de avisos, y atropellos, y mudanzas,
y un run-run de cuchicheos
en voz baja.
Y entre tos los cuchicheos y murmurios
las mesmísimas palabras,
el mesmísimo estribillo,
la mesmísima cantata;
unas voces que decían por lo bajo:
Se nos muere... Se nos muere... ¡Está mu mala!»
Y de pronto un rebullicio
que se arma,
y unas voces: «¡ Que ya vienen por la esquina! »
... ¡Enjamás podré orvidar esas palabras!...
Y al llegá Su Magestá... ¡Si me parece
que lo veo con los ojos de la cara!
Era noche sin estrellas y sin luna;
era el viento de tormenta; lloviznaba...,
y de pronto todo el mundo se arrodilla
y se escucha... -¡daba miedo de escucharla!...-
el tilín de la campana del monago,
que decía que llegaban,
y al par de ello, como el rezo de los frailes,
un murmurio de latines y plegarias,
y el bullí de toa la gente que venía,
y el soná de las pisadas
en los charcos de la calle,
sobre el agua...
Y se empieza a colá gente
dentro e casa...
¡Qué de gente la quería!..
¡Jasta entonces yo no vi que era una santa!
¡Qué momento inorvidable!
¡Parecía que soñaba!
¡Y aún agora me parece que lo sueño
en ca vez que mi consencia lo repasa!...
El bullir y arrempujarse de la gente,
el rezar entre suspiros las beatas,
el oló de tanta cera al derretirse,
el caló de tanta gente arrebujada
y aquel brillo tan borroso que tenían
los faroles y las llamas
al mirarlos por enmedio
de mis lágrimas...
Y por cima de estas cosas
las palabras
que decía, respondiendo al señó cura,
la santica de mi alma...
¡Y lo mansa y resigná que las decía!
¡Y la pena que me daba
al mirar como un clavel amoratao
la boquita de mi santa,
la boquita de mis besos y mis glorias,
que era un cacho de mi alma!
Y después el alejarse el rebullicio,
lo mesmito que las olas cuando bajan,
y el perderse en la revuelta de la esquina
el tilín de la campana,
y el murmurio del gentío,
y el soná de las pisadas
en los charcos de la calle,
sobre el agua...
Señó güeno, que llamaste aquella noche
a mi puerta pa llevártela;
Señó güeno, güerve pronto pa librarme
de esta pena que me ajoga y que me mata,
pa llevarme al lado suyo, Señó güeno,
al ladito de aquel cacho de mi alma...
Y si al lado no pué sé porque en la Gloria
no se armiten pecaores junto a santas,
¡aparéjame a lo menos un sitico
                                        a la vera de la puerta, pa mirarla!